Jornadas Para el Despertar

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De vuelta a la incansable lucha. Ahora incursionando en, institutos y universidades. Luchando a capa y espada por destruir el stigma que tan profundamente tienen clavado nuestros jóvenes en creer, que revolución solo se puede relacionar con la extrema izquierda y el marxismo cultural. Pues aquí estamos para decirles que nuestra revolución es la de la memoria de la sangre y el espíritu . Estas son mis municiones que se clavaran en lo mas profundo desatando la voluntad y por ende la acción incesante hasta conquistar.

Oposición Estratégica

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El Sujeto debe retomar el dominio de si mismo, y buscar lo esencial. Para esto esta obligado a guiarse por las respuestas de lo visible (señales), orientarse.

Experimentar el dominio sobre si mismo, aprender a vivir la intensidad de los placeres sin dejar que los mismos lo fagociten y dominen.

Cuando el sujeto se deja llevar por la intensidad de sus vivencias comienza el dolor.

El sujeto tiene que ubicarse en oposición estratégica (confrontar, ver de frente) a la ilusión que es la vida y los placeres. De esta manera podrá integrar a su realidad lo que era un adversario u oponente, el mismo que pasaría a jugar a favor del sujeto.

El sujeto que solo es cuerpo o guerrero tiende a ser fagotisado por el león en el plexo solar.

El sujeto que solo es sabio tiende a ser fagotisado por el designio serpiente  en el aspecto conocimiento .

El sujeto que solo sigue la falsa espiritualidad tiende a ser fagotisado por lo sacerdotal, por los templos y religiones.

Es por todo esto que es muy importante acoger el concepto del Tridalismo , la educacion tiene que ser integral Mens, Corpus, Espiritus = Oposición Estratégica.

Atte: Legionario Cano.

 

La doctrina del Despertar

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“La Doctrina del Despertar” resalta especialmente el carácter aristocrático y guerrero del budismo originario..

Se empeña en demostrar que el ascetismo budista no es una resignación pusilánime frente a las desgracias de la vida, sino un combate de orden espiritual no menos heroico que el de un caballero en el campo de batalla. Como dice el propio Buda (Mahavagga 2, 15): “Mejor morir combatiendo que vivir como vencido”. Tal resolución coincide con el fin de triunfar sobre las resistencias materiales con el fin de alcanzar el Despertar.

 Una entrega incansable para borrar esa imagen flaca y desteñida que el Occidente se ha creado de una doctrina que en sus orígenes se la quería aristocrática y reservada a “campeones”.

En la cultura occidental se difundió la idea de que el budismo enseñaba una doctrina de renuncia al mundo, entendida como actitud pasiva: “dejemos que las cosas sigan su curso; al fin y al cabo no nos interesan”.

Aqui se demuestra muy bien que esa noción del budismo está radicalmente falseada por una serie de prejuicios. ¿Pasividad?, ¿inacción? ¡Todo lo contrario! Buda no cesa de exhortar a los discípulos a “esforzarse por la victoria” y él mismo, en el ocaso de la vida, podrá decir con ufanía: katam karaniyam (¡lo que tenía que hacer lo he hecho!). ¿Pesimismo? Es cierto que Buda, tomando una fórmula del brahmanismo, religión en la que había sido educado antes de partir de Kapilavastu, afirma que sobre la tierra “todo es sufrirniento”; pero es así, aclara él mismo, porque esperamos que nuestros actos nos reporten de inmediato beneficios concretos. Los guerreros arriesgan su vida por el ansia del saqueo y por el placer de la gloria; pero quedan inevitablemente decepcionados: el botín es magro y pronto malversado y la gloria se marchita con rapidez… Mas si se toma conciencia de este estado de cosas (he aquí un aspecto del Despertar), el pesimismo se disipa, por cuanto que la realidad es la que es, ni buena ni mala de por sí: pertenece a un devenir que no puede ser interrumpido. Es preciso vivir y actuar, pues, a sabiendas de que para nosotros ha de contar sólo el instante. Por lo tanto, el deber (el dhanuna) se afirma como la única referencia válida: “haz lo que debes”, o sea, “haz, pero de modo que tu actuar sea del todo desinteresado”.

El término de “ascetismo” es susceptible de generar errores en quien observe el budismo desde el exterior.  Recuerda, que el sentido original de esta palabra es “ejercicio práctico”, “disciplina” y, se podría decir también, “aprendizaje”. Mas no, como estamos inclinados a creer, una voluntad de mortificación ligada a la idea de penitencia que llega, por ejemplo, a la autoflagelación, pues”es preciso sufrir para espiar los propios pecados”, sino una escuela de la voluntad, un heroísmo puro (o sea, desinteresado), que a un conocedor de la materia, parangona con el esfuerzo del alpinista. Para el profano, la escalada es un esfuerzo inútil, para el montañista es un desafío que se lanza a sí mismo con el solo propósito de poner a prueba su valentía, su perseverancia y, eventualmente, su heroísmo.

En el ámbito espiritual el modo de proceder es el mismo. Buda en determinado momento, según se sabe, estuvo tentado de una forma de ascetismo semejante a la del ermitaño del desierto; ayunos prolongados, prácticas tendientes a “quebrantar la resistencia del cuerpo”, etc. Pero llegó a ser verdaderamente él mismo, obtuvo el Despertar, sólo cuando comprendió que este camino no llevaba a ninguna parte. Con gran escándalo de sus primeros discípulos dejó de mortificarse, comió hasta satisfacer el hambre. Pero a partir de entonces comenzó a actuar con desprendimiento: el mundo ya no podía hacer presa de él, que se había convertido en un “héroe”, como habrían dicho los griegos antiguos, o casi un dios.

El Zen representa hoy el budismo original. “El Zen no constituye una anomalía extremo oriental del budismo, tal como algunos han pretendido equivocadamente, sino que es una reiteración de los temas y de las exigencias que dan vida al budismo de los orígenes (…)”. Igualmente precisa: Es suficientemente notorio que el Zen en su espíritu, puede ser considerado como un retorno al budismo de los orígenes. El budismo nació como reacción vigorosa contra las especulaciones y los ritualismos vacíos en los cuales la antigua casta sacerdotal india había caído.

La doctrina del despertar posee un carácter esencialmente iniciático. Por ello no podía aplicarse más que a una minoría, al contrario del budismo más tardío, el cual toma la forma de una religión abierta a todos o de un código de moralidad pura y simple.

Aspectos como: -antiintelectualismo-, ausencia de sentimentalismo, de devoción, rechazo de las formas, llamada a la intuición, exigencia de una disciplina interior, no podían sino seducir al hombre con un poco de aristocracia en la sangre . Sin embargo, hay que desconfiar siempre del Zen occidentalizado, tal como lo comprenden los modernos, habiendo perdido su fuerza, su altura, su virtud. En cuyo caso se convierte en una forma, una contra imagen suplementaria establecida por el mundo moderno.

atte. Legionario Cano

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